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Lucrecia Taboada

Por Redacción

A los 86 años, tras una breve pero penosa enfermedad, falleció Lucrecia Taboada (Pelusa). Quienes la conocieron la describieron como una mujer culta e inteligente pero de una gran modestia y bajo perfil en sus conocimientos, aunque siempre dispuesta a brindarse desinteresadamente a todo aquel que le pidiera un consejo. De una personalidad cálida, afectuosa y muy solidaria, era hija de Raúl Taboada y Elmira Cambas, siendo ella la mayor de cuatro hermanos. Se casó muy joven con el filósofo Ricardo Maliandi de cuya unión nacieron Fabio y Verónica.

Su espíritu inquieto la llevó a abrazar distintas disciplinas. Egresó como maestra de la Escuela Normal N° 1, luego como Profesora de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la UNLP en el año 1958.

Ejerció tempranamente la docencia en el Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata donde se desempeñó como Ayudante y Jefe de Trabajos Prácticos.

Luego de vivir unos años en la República Federal de Alemania, donde participó de seminarios en la Universidad de Maguncia, retomó sus clases en el Departamento de Filosofía. Paralelamente estudió bibliotecología egresando del Instituto Superior de Formación Docente en Bibliotecología como Bibliotecaria Profesional en el año 1969. Allí se desempeñó como Profesora Titular de Psicología General. También se recibió de Licenciada en Musicología en el Conservatorio Gilardo Gilardi en 1975.

Ejerció también la docencia en la Escuela Normal Mixta N° 3, en la Escuela de Enseñanza Media N° 2, en la Escuela Normal Nacional de Maestras N° 1, en el Liceo Víctor Mercante, en la Escuela de Danzas Clásicas, en el Conservatorio de Música Gilardo Gilardi y en el Instituto Superior de Formación Docente N° 8. Fue también una persona de una profunda fe cristiana, lo que la ayudó sin duda a sobrellevar con resignación y entereza la muerte de su hija. Era miembro de la Rama De Madres del Movimiento Católico Apostólico de Schoenstatt y gran colaboradora también de distintas parroquias, especialmente de Nuestra Señora de La Merced (integraba el coro) y de la basílica de San Ponciano. Fue además una incansable defensora de los derechos del niño por nacer.

Hasta pocos meses antes de su fallecimiento se mantuvo activa, realizando cursos de perfeccionamiento, concurriendo a conferencias y viajando por distintos países de Europa.

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